miércoles, 20 de noviembre de 2024

Tarot: lenguaje poético para un viaje de aventuras

Esta especie de ensayo surgió para ser presentado como ponencia en el Primer Encuentro online de Tarot organizado por Carolina de Pedro de @esoterica.tarot.astrologia, y que se llevó a cabo desde Barcelona el 16 y el 17 de noviembre de 2024. 

Ante todo, me gustaría aclarar que esta presentación no es fruto de una investigación, sino más bien de una reflexión. Mi intención entonces es transmitir algunas ideas propias sobre las conexiones entre tarot y poesía, simplemente para que sean consideradas, repensadas, tomadas como una suerte de apertura hacia otras reflexiones sobre el tema.

Todos nosotros percibimos intuitivamente que el tarot y la poesía se parecen en algo.  Preguntémonos entonces: ¿cuáles son esos puntos de contacto? 

El primer punto de contacto que encuentro entre poesía y Tarot es quizás el más obvio: su lenguaje. En ambos casos se trata de lenguajes que proponen al lector que intente desentrañarlos, descubrir ciertos sentidos velados, ocultos.




En el caso del poema, las palabras no resultan tan transparentes como en otros géneros. Si bien en todo texto los lectores hacemos una tarea de interpretación y de comprensión, cuando se trata de un poema se agrega la dificultad de llegar a la construcción de sentido a partir de una cadencia particular y de un lenguaje rico en figuras (tales como metáforas, analogías, imágenes, personificaciones, etc.), cuyo uso en general está más condensado o concentrado que en otros géneros literarios. La falta de transparencia de las palabras fuerza nuestra creatividad. Esos sentidos velados además se iluminan al leer el poema completo.

Salvando las distancias, algo semejante sucede con el lenguaje simbólico del Tarot. El símbolo no tiene un significado único, como sucede con signos que no hacen más que denotar aquello a lo que están vinculados, como el rojo del semáforo, que siempre es “PARE”, o el dibujo de unos niños cruzando una calle, puesto en un cartel en la esquina de una escuela, que siempre es “CRUCE ESCOLAR”. No es lo mismo interpretar esto que el color rojo en un arcano, o que el Loco caminando hacia el precipicio; no podemos hablar aquí de un solo significado.

Dice Jung: “Una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto inconsciente más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado”. Y agrega que: “los símbolos son el lenguaje del alma humana” que busca expresarse de distintos modos (en sueños, en mitos, en los arcanos)[1]. El desafío por develarlos nos obliga a emprender un proceso de autoconocimiento y evolución.

Además, al igual que en el poema, cada símbolo va haciendo comprensibles algunos de sus sentidos en el contexto de una lectura.

 

El segundo punto de contacto que yo observo entre poesía y tarot tiene que ver no ya con el tipo de lenguaje que manejan, sino con el modo de “crear” del poeta y del tarotista. El poeta crea su poema, el tarotista crea y da forma a un mensaje para transmitir al consultante.

Pero ¿cómo es esa dinámica creativa? Para tratar de explicarla, recurriré al escritor argentino Jorge Luis Borges.




En el prólogo de su libro La cifra[2], Borges nos dice que las palabras en sus poemas surgen como un oxímoron. Esta es una figura retórica que, a partir de expresiones antitéticas, opuestas, origina otra expresión que las integra y que logra un nuevo matiz de sentido. Por ejemplo: de “luz” y “oscuridad” puedo generar el oxímoron “luminosa oscuridad”; otros ejemplos: “instante eterno”, “silencio atronador”, etc.

Entonces, ¿qué quiere decir Borges con esto? Que su palabra poética nace de entretejer dos dimensiones opuestas: por un lado, todo lo que le llega en oleada desde el inconsciente, desde el sueño, desde el mito, desde el alma que se quiere expresar; y por otro, el estado de “vigilia”, que discrimina, ordena, conceptualiza. Es decir, el poeta no podría escribir en el poema todo lo que le llega como ola de imágenes y pluralidad de sentidos; se queda con algo de todo eso y lo expresa.

De la misma manera, el tarotista, como creador del mensaje que expresa, está haciendo una especie de oxímoron, o sea, integrando dos dimensiones, al iluminar conscientemente ciertos sentidos de entre todos esos sentidos que se abren en los símbolos y que también llegan como oleadas desde el inconsciente.

De un modo más general, esto mismo nos lo confirma Sallie Nichols en su libro Jung y el tarot, cuando habla de dos fases del trabajo creativo: la de la Emperatriz y la del Emperador.[3]




Son estas dos dimensiones las que se ponen en juego y se entretejen al escribir el poema y al expresar el mensaje del tarot al consultante. El oxímoron del que hablaba Borges es una manera literaria de expresar este encuentro armonioso al que se refiere Sallie Nichols.

De este modo, tanto los poetas como los lectores y lectoras de cartas somos creadores que estamos dedicados a la tarea de integrar lo aparentemente opuesto, tejiendo un mensaje consciente con contenidos que llegan desde el inconsciente. Ambos, poetas y tarotistas, están evocando, recreando algo que está en el fondo de cada hombre, para ponerlo en palabras.


En este punto surge la pregunta acerca del puente que permite que esas dos dimensiones se conecten, tanto en la creación de un poema como en una lectura de Tarot.




Al escribir un poema, nuestro conocimiento de la lengua, nuestra inspiración (especie de “revelación poética” a partir de una receptividad interior a la aparición de las imágenes) y nuestra emotividad se ponen en juego para componer el texto.

En el caso del Tarot, para arribar a esa especie de “claridad neptúnica” que ofrece el mensaje (ya que en nuestro mensaje muchas veces debemos utilizar lenguaje figurado), el puente entre inconsciente y conciencia, además de nuestra base de conocimientos sobre los símbolos de las cartas y los mazos que manejamos, serán la intuición y la conexión emotiva con las imágenes, de la que afloran ciertas asociaciones.

Dice Sallie Nichols en el libro que ya mencionamos:

“Encontrarles nombres correctos a las cosas es un acto creativo, un arte que incluye, no solo la facultad de pensar, sino también la de sentir, la intuición y una buena conexión con las experiencias sensoriales”.

No somos robots sino personas que estamos en viaje. Ese “viaje de aventuras” que menciona el título de este ensayo tiene que ver con nuestro viaje vital, con todo su cúmulo de experiencias, de las que surgirán reacciones y asociaciones muy personales.


Esto nos lleva a considerar un tercer punto de contacto entre poesía y tarot: ya que lectores de poesía y consultantes de tarot también están haciendo su propio viaje personal, sus propias conexiones emotivas y asociaciones colaborarán en la construcción de sentido del poema y del mensaje del tarot. En el caso del poema, la colaboración será diferida; en cuanto al tarot, el diálogo entre tarotista y consultante se da en presencia.



Pongamos como ejemplo la escritura de un poema donde se quiera hacer referencia a la luna. Cada poeta tendrá su propia mirada y dejará su huella de artesano a través de sus palabras. Entre todo lo que llega desde el inconsciente, desde el mito, desde el sueño o desde la fantasía al mirar la luna, por ejemplo, dos poetas generarán dos poemas distintos: los dos hablarán de la luna, pero quizá en uno se la identifique con la muerte y en el otro, con un espejo que refleja la propia soledad. Dependerá del momento en que se escribe el poema, de unos miedos o unas nostalgias que aparecen, de la historia personal. Por otra parte, cada lector de un poema completará el sentido del texto con su interpretación; ese tejido que se logra en el poema será reforzado, intervenido, enriquecido por el lector. . El poema se realiza en diálogo entre poeta y lector.

Esas asociaciones y reacciones emocionales, ligadas al viaje personal, también se hacen patentes en una lectura de tarot.

Dice Sallie Nichols que, como nuestros sueños, las imágenes del tarot llegan desde el inconsciente y podemos acercarnos a ellas con asociaciones personales, a través de la analogía con mitos, cuentos de hadas, pinturas, hechos que evoquen intuiciones, sentimientos, pensamientos, sensaciones. 

De este modo, como en la interpretación de un sueño, la imagen arquetípica en las cartas del tarot se amplía a partir de las reacciones afectivas y las asociaciones del consultante y del  tarotista, los dos protagonistas del hecho sincronístico de la lectura de cartas. No se trata de ponerse a asociar intelectualmente todo lo que a uno se le ocurra, sino dar paso a aquellas asociaciones que surjan con intensidad emocional ante la conexión con las imágenes.

Para ejemplificar el tema de la conexión emotiva, voy a tomar una lectura de tarot incluida en un libro de Julio Cortázar y su esposa Carol Dunlop. Se trata de una crónica de viaje: Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella[4] , escrita en 1982 y publicada en 1983. El libro se trata, sucintamente, de un viaje planeado por Cortázar y su mujer en el que recorrerían la autopista que une París y Marsella. Su propuesta era anotar absolutamente todo lo que fueran haciendo en la ruta, detallando los paradores, las comidas, etc., para más tarde elaborar un libro con ese material. Además, se impusieron ciertas reglas, por ejemplo, nunca desviarse de la autopista para tomar otro camino, y detenerse en dos paradores por día, pernoctando en el segundo. De ese modo el viaje por la autopista les llevaría un poco más de un mes.

Ahora bien, cuando empiezan su viaje, ya el primer día se dan cuenta de que no todo dependerá de su planificación; en principio, se sienten un poco desorientados. Dice el texto:

“(…) ¿Cómo vamos a proceder? (…) Antes de abrir con alguna nerviosidad nuestras máquinas de escribir, hemos echado el tarot, pensando descubrir gracias a él algunas líneas del juego y pensando asimismo que en cierto sentido veríamos las grandes líneas del viaje”.

Cortázar y Carol Dunlop saben que no todo está en sus manos, que hay fuerzas que aún no tienen conscientes y que el Tarot puede clarificar. Por eso tiran las cartas para ver cómo va a venir el viaje y salen: el Carro de Hermes, el Bufón (el Loco) y el Emperador.  Entonces anotan los significados de esas cartas, obviamente extraídos del libro que seguramente acompañaba el mazo. Pero lo interesante es lo que agrega Cortázar sobre la carta del Carro. En el Tarot que él maneja, el arcano VII es El Carro de Hermes y justamente él siempre había sentido una conexión especial con este dios, como podemos ver en la siguiente cita :



Aquí vemos claro cómo la sola aparición de Hermes en la carta de El Carro, por una cuestión personal de Cortázar -quien lo consideraba como un dios que lo había "guiado siempre en la vida"- le resulta  inmediatamente auspiciosa.

¿Pero qué hubiera pasado si en lugar de ese mazo (que, creo, es el Gran Tarot Esotérico de ed. Fournier)[5], hubiera utilizado otro? ¿Cómo interviene el mazo utilizado en la interpretación?




Por ejemplo, en el Tarot Mítico de Juliet Sharman-Burke y Liz Greene, ilustrado por Patricia Newell[6] -mazo que vio la luz en 1986, algunos años después de la muerte de Cortázar y de su esposa- el Carro está identificado con Ares, no con Hermes. Quizás si Cortázar hubiera hecho su lectura con este mazo, no le hubiera sido tan evidente tanta protección para abrirse paso en el viaje; a lo mejor hubiera visto su viaje como un desafío de conquista, o se hubiera planteado cómo tomar las riendas para equilibrar sus impulsos. En su lectura se puso en juego su propia conexión emotiva con la imagen del dios y eso le dio tranquilidad. 

Podemos decir entonces que, así como un estilo poético -es decir, un conjunto de rasgos y elecciones lingüísticas, retóricas y de ritmo que caracterizan a un poeta- puede conmovernos de un modo diferente de lo que nos sucede frente a otro estilo poético, distintos estilos de mazos, su modo particular de representación de los arcanos, pueden generar también diferentes reacciones en quienes leemos y consultamos el tarot.


En síntesis, los tres puntos de contacto que encontré entre Tarot y poesía fueron: su lenguaje un tanto misterioso, que tenemos que desentrañar como lectores; la dinámica de oxímoron que tiene la creación, tanto en el poeta como en el tarotista que expresa el mensaje del tarot; y la construcción de sentido que se completa con la colaboración del lector del poema o del consultante del tarot, según las experiencias de su propio viaje personal.


Por último, me gustaría mencionar una frase que Cortázar escribe en el último capítulo de su libro, según la cual considera que "acaso habíamos cumplido ese viaje obedeciendo sin saberlo a una búsqueda interior". Quizá podamos pensarnos también nosotros como expedicionarios hacia nuestra interioridad cada vez que escribimos o leemos un poema y cada vez que entramos en contacto con los arcanos del Tarot.




Las imágenes de arcanos que aparecen en las diapositivas incluidas en esta publicación pertenecen a diferentes mazos: el Emperador y la Emperatriz (diapositiva 2) son del Tarot Marsellés - Claude Burdel, 1751 (Lo Scarabeo); la Luna (diapositiva 5) es la del mazo Tarot de Oro - La Baraja Visconti-Sforza (H.Blume); los arcanos de la lectura que realiza Cortázar en su crónica (diapositivas 6 y 7) son del Gran Tarot Esotérico de Maritxú Guler y Luis Peña Longa (Fournier); el segundo Carro (diapositiva 7) y el Loco (diapositiva 8) pertenecen al Tarot Mítico de Juliet Sharman-Burke y Liz Greene, ilustrado por Patricia Newell (ed. edaf). El último Loco es un collage mío.

[1] Jung, Carl Gustav y otros, El hombre y sus símbolos, Cap.1: “Acercamiento al inconsciente”, Luis de Caralt editor, Barcelona, 1977.

[2] Borges, Jorge Luis, La cifra, Emecé, Buenos Aires, 1981.

[3] Nichols, Sallie, Jung y el Tarot. Un viaje arquetípico, ed. Kairós, Buenos Aires, 1991. La cita se encuentra en el cap. 7, dedicado al Emperador (p.168).

[4] Dunlop, C. y Cortázar, J., Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella, Muchnik editores, Barcelona, 1984.

[5] El Gran Tarot Esotérico (1978) de Maritxú Guler y Luis Peña Longa, editado por ed. Heraclio Fournier es un tarot que agrega simbología planetaria, astrológica y hebrea. Presenta algunas diferencias con los mazos de Marsella; por ejemplo: el Mago es el Consultante, la Suma Sacerdotisa es la Consultante, el Sumo Sacerdote es el Profesor, los Enamorados son los Dos Caminos, el Ermitaño es el Anciano, el Colgado es la Picota. 

[6] Sharman-Burke, J., Greene, Liz y Newell, P., El tarot mítico. Una nueva vía a las cartas del Tarot, ed. edaf, Madrid, 2020.

viernes, 2 de agosto de 2024

El I Ching y el Tarot en versos

 En mi edición del I Ching, el Libro de las mutaciones (ed. Sudamericana, Bogotá,1993), además de varios prólogos interesantes (uno de ellos de Jung, otro de Richard Wilhelm), aparece un poema de Borges: "Para una versión del I King". Y dice el poeta:

"No hay una cosa 

que no sea una letra silenciosa

de la eterna escritura indescifrable

cuyo libro es el tiempo".


En otro poema, en el que vuelve a mencionar los hexagramas del I Ching, trata el tema de los vínculos establecidos en el universo sin que seamos conscientes de ellos. Se trata del poema "El bastón de laca"; estos son algunos de sus versos:

"Pienso en el artesano que trabajó el bambú y lo dobló

para que mi mano derecha pudiera calzar bien en el puño.

No sé si vive aún o si ha muerto.

No sé si es taoísta o budista o si interroga el libro de los sesenta y cuatro hexagramas.

No nos veremos nunca.

Está perdido entre novecientos treinta millones.

Algo, sin embargo, nos ata.

No es imposible que Alguien haya premeditado este vínculo.

No es imposible que el universo necesite este vínculo."





También sobre el Tarot -sobre la vida representada en el Tarot- se han escrito poemas. En "La cartomancia" de Olga Orozco leemos algunos versos en los que vuelve a aparecer el enigma, el misterio que sostiene el camino:

"Las Estrellas alumbran el cielo del enigma.

Mas lo que quieres ver no puede ser mirado cara a cara

porque su luz es de otro reino.

Y aún no es su hora. Y habrá tiempo.


Vale más descifrar el nombre de quien entra.

Su carta es la del Loco, con su paciente red de cazar

mariposas."


Esa "escritura indescifrable" a la que se refiere Borges en el primer poema, o eso que "nos ata" y que menciona en "El bastón de laca", está en la base del misterio que desplegamos cada vez que hacemos una lectura de tarot o en cada ocasión en que arrojamos las monedas para leer un hexagrama del I Ching. Ambas prácticas nos proponen una historia de cambios, de desciframiento de energías que se comprenden y se integran, de un despliegue vital hacia el autoconocimiento que vamos viviendo cuando -como el Loco de Olga Orozco- decidimos emprender la paciente tarea de cazar mariposas.



                                                              



miércoles, 18 de mayo de 2022

Reflexiones sobre el tarot: ¿género discursivo, lenguaje, texto?

 

Hace poco tuve la oportunidad de leer un artículo científico acerca del tarot, que lo propone como un género discursivo. Se trata del texto “Una lectura semiótica-discursiva del tarot y el estudio de un caso” de Pablo von Stecher (2012).

Allí, el autor afirma que el tarot conforma un género discursivo, de acuerdo con la definición que hiciera Michail Bajtín de este concepto. Recordemos que el teórico literario ruso definió el género discursivo como un tipo más o menos estandarizado de enunciados, que comparten rasgos estructurales, temáticos y estilísticos. Para dar solo algunos ejemplos, son géneros discursivos: la noticia, la crónica, el artículo de opinión, el cuento, la novela, la monografía, el ensayo, la receta de cocina… En fin, todos los conjuntos de enunciados con los cuales nos manejamos y comunicamos dentro de una determinada cultura.

Dice von Stecher del tarot: “Podríamos decir que cada carta expone un carácter episódico en el marco de una narración más amplia”, y define cada arcano como una “unidad narrativa”. Observa que, como todo género discursivo, los mazos de tarot tienen en común una estructura, un tema y un estilo:

-Estructura: una estructura de 78 arcanos, entre mayores y menores, cuatro palos, cuatro figuras cortesanas en cada palo.

-Tema: el viaje del héroe o el camino de la vida.

-Estilo: según el autor, este es un elemento más libre en este género, ya que depende del mazo que se esté usando.



En primer lugar, creo que en este análisis se propone analizar como un enunciado aquello que es lenguaje, al considerar, no la estructura de las lecturas, sino del sistema de símbolos utilizado para construir los mensajes. Por supuesto, en todo sistema los elementos son solidarios y dependen unos de otros, pero eso no lo convierte en un género. Es verdad que, a diferencia de una lengua, en este caso no se trata de un sistema de signos lingüísticos, sino de símbolos en los que claramente distinguimos personajes y escenas... Eso puede hacer pensar que la estructura del tarot es la de un género (como si fuera la estructura de un cuento) y no la de un lenguaje. ¿O quizá es ambas cosas a la vez? A mí me resuena más pensar en la estructura de las lecturas de tarot: en ellas podríamos ver como un elemento común a todas el hecho de que arcanos mayores y menores se dispongan y organicen de modos específicos en las tiradas.

En cuanto al tema, es verdad que todos los tarots presentan un encadenamiento de situaciones o energías que van atravesando al héroe; sin embargo, me pregunto si a los ojos de todos los tarotistas es así. ¿Verán una narración en la secuencia de las cartas de un mazo? Incluso considerar las lecturas de tarot como un género podría ser un tanto forzado si pensamos que ese tema general común a todas no es tal, sino que está acotado a una perspectiva del tarot, la del tarot evolutivo-psicológico. Sucede que dentro de nuestra cultura existen lectores/lectoras de tarot que lo proponen como un medio más oracular-adivinatorio; entonces el tema central de sus tiradas sería “los acontecimientos futuros” y no tanto el lugar del viaje en el que se encuentra el héroe/consultante y las energías arquetípicas que se están desplegando en su vida. Me pregunto si esos diferentes modos de lecturas formarán parte de un mismo género. ¿O serían subgéneros?

Así como no me parece tan clara la consideración del tarot como género discursivo, sí rescato del artículo la mención de las relaciones del texto (las imágenes) con otros textos: el paratexto (números y nombres de las cartas) e intertextos (alusión a otros textos o historias que enriquecen la interpretación: tomando el ejemplo dado en el artículo, el Colgado en el Tarot mítico de Liz Greene y J.Sharman-Burke se conecta con el mito de Prometeo, a diferencia de otros mazos).

Creo que estos aportes son más claros porque lo que es innegable es que una lectura de tarot es un texto, en su significado latino de “tejido”: como en un texto escrito, o fotográfico, o audiovisual, en ella se vinculan elementos para darnos un mensaje coherente. Pero su sentido -como sucede cuando uno lee un libro, mira una fotografía o ve una película- solo se completa con la mirada del lector o del espectador (en este caso, tanto el tarotista como el consultante), quien advertirá las relaciones entre las diferentes imágenes y también sus conexiones transtextuales, y quien aportará además su perspectiva, sus experiencias y su intuición para construir el sentido del mensaje que brindan las cartas.

¿Qué opinan ustedes sobre el tema? Para mí, no está cerrado. Sigo reflexionando sobre la propuesta del artículo que, sin duda, es un intento válido de aproximarse a un universo semántico misterioso y complejo.

 

Bibliografía útil si necesitan revisar el concepto de “género discursivo”:

Calsamiglia Blancafort, H. y Tusón Valls, A. (2002). El concepto de “género”. En Las cosas del decir, cap. 9, pp. 252-257. Barcelona: editorial Ariel.

https://www.textosenlinea.com.ar/academicos/Calsamiglia%20y%20Tuson%20-%20Las%20cosas%20del%20decir.%20Manual%20de%20analisis%20del%20discurso.pdf

Y aquí las referencias del artículo que fue el punto de partida de esta nota:

Von Stecher, Pablo (2012). “Una lectura semiótica-discursiva del tarot y el estudio de un caso”. En AdVersuS, Revista de Semiótica, año IX, 22, junio 2012. En línea:

http://www.adversus.org/indice/nro-22/notas/IX2208.pdf




lunes, 7 de marzo de 2022

Sobre la sombra y el arcano XV

El arcano XV, el Diablo, se vincula con el arquetipo de la sombra, esa que puede poseernos cuando no la hacemos consciente. Por eso el diablo aparece encadenando a esos seres que, si quisieran  (si se atrevieran a mirar lo que han negado de sí mismos, si se tomaran el trabajo), podrían liberarse. 

Robert Bly compara la sombra con un "gran saco que todos arrastramos"; en esa bolsa fuimos depositando características negadas, que podrían ser muy valiosas si las comprendiéramos e integráramos de algún modo. No reconocer la sombra es arriesgarse a ser asaltado por ella en cualquier momento.

Hace años (muchos años) escribí este poema que hoy encontré sin haberlo buscado. Mi visión de la sombra entonces era amenazante, era la sombra que "salta" sobre quien no la ha aceptado:


Mi sombra

Me atacás por la espalda cuando soy feliz

y hacés de mí una desconocida.

Me clavás el puñal de tus rosas oscuras,

de tus oscuros pensamientos.

Rozás mi paz nocturna con tu ala leve,

me invitás a la pena.

Me mostrás la otra cara de todo

aunque yo no lo quiera.

Reconocés mis ojos y mi frente

y dibujás en ellos

los ocasos más tristes de la tierra,

la soledad de los amaneceres.


Dicen Juliet Sharman-Burke y Liz Greene en El tarot mítico, al referirse al arcano XV, representado por el dios Pan:

"El Loco debe liberarse alcanzando el conocimiento y la aceptación honrada y humilde de Pan; entonces podrá rescatar el poder creativo que está encadenado por su propio pánico y asco de sí mismo".

Sin duda, el Diablo nos propone una tarea difícil pero necesaria: tomar conciencia de nuestros propios aspectos negados.




lunes, 7 de febrero de 2022

El ocho de copas y un poema para alejarse

El palo de copas está siempre vinculado con el elemento agua, la fluidez, los sentimientos y las emociones, la receptividad y la intuición, lo espiritual y lo inconsciente, el arte...

En este caso, el 8 de copas muestra a alguien que se aleja: debe soltar algo para ir en busca de otra cosa. No es un impulso: ha dejado las copas ordenadas antes de partir. 

¿Hacia dónde ir? En el tarot mítico, Psique debe bajar a las profundidades del inframundo; en el Waite, el hombre parte hacia arriba, hacia la elevación de la montaña. Los dos emprenden un camino que los conectará otra vez con el deseo. Por supuesto, lo harán a la luz de la luna, porque la intuición los guía.

Esta carta me inspiró una especie de respuesta personal a la pregunta: ¿qué salgo a buscar cuando decido dejar algo atrás? Espero que les guste y que los inspire para reflexionar sobre sus propias búsquedas.

                                                

Imágenes pertenecientes al tarot mítico de Juliet Sharman-Burke y Liz Greene/ ilustraciones de 
P. Newell y al tarot de Waite.


Saldré a buscar

Saldré a buscar

el verso que me falta

por caminos que aún

no han sido abiertos.

 

Recalaré en los puertos

más lejanos del alba.

Me treparé a los árboles

y cavaré en la tierra,

en lo más hondo.

 

Estaré atenta

al vuelo de algún pájaro

por si en sus alas

lleva mis palabras.

 

Daré al cielo

un saludo por el día

y esperaré la lluvia

porque acaso

caiga con ella

lo que tanto aguardo.

  

Saldré a buscar

el verso que me falta,

como todos buscamos

ese hilo

que complete la trama.

Transcurrirá mi vida

en ese viaje de remansos,

auroras y tormentas.

 

Con la dificultad

del que quiere decir

pero no dice,

con la esperanza

de quien despierta

con la frase en la boca

y con la decepción

de quien la olvida,

yo buscaré ese verso

tras las puertas.

 

Y en los ojos del mar

que ven cuando me alejo,

yo buscaré ese verso

oceánico de espuma.

                                      Graciela Progano

domingo, 23 de enero de 2022

Un poema para la Emperatriz

La Emperatriz en su aspecto más positivo y equilibrado integra lo estético y lo sensual con el acto de crear, de dar a luz. Conectada con el amor y con la tierra, representa la fertilidad, la abundancia de la naturaleza, el dar frutos y sostenerlos.


                                                                  Imagen de Deméter, en el mazo The Mythic Tarot de Juliet Sharman-Burke y Liz Greene, con ilustraciones de P.Newell                                                                                    


La diosa Deméter es el personaje que representa a la Emperatriz en El tarot mítico de Sharman-Burke y Greene. Es la Madre Tierra, nuestra Pachamama. En la mitología griega, Deméter hacía madurar el trigo, ordenaba los ciclos naturales de las estaciones, bendecía los nacimientos. Enseñaba a cultivar la tierra y a hacer el pan.

Cuando Deméter se desesperó porque su hija Perséfone había sido raptada por Hades, la tierra se volvió estéril. Y aunque, por intercesión de Hermes, Perséfone pudo volver cada año con su madre durante nueve meses, en los tres restantes (que la joven debía pasar en el reino de su esposo), la tierra volvía a ser yerma y la vegetación se marchitaba. Solo la vuelta de Perséfone traía la primavera. Este tiempo cíclico también nos habla de los ciclos de florecimiento y maduración de nuestras propias obras, que muchas veces se generan luego de tiempos de estancamiento o falta de inspiración. 

La carta de la Emperatriz, el arcano III, me hace pensar en cuánto de nosotros hay en nuestras creaciones, en nuestros hijos, en nuestras obras. Cómo nos reconocemos en los frutos que damos... Este poema sobre la acción creativa se lo dedico a la Emperatriz que hay en cada uno, a nuestra naturaleza fructífera, a la abundancia y al florecimiento.


Creadora

Pone a la luna

su vestido de agua.                                                            

Corona el campo

con frutos y azucenas.

Se sienta entre las piedras

y dibuja la ruta de los astros.

Traza en la arena

signos del pasado

y en la tierra, los sueños del mañana,

surcos para la siembra.

 

Y al fin del día,

cuando está cansada,

se revela a sí misma en un espejo

y descubre que es luna y azucena,

se reconoce agua, fruto y piedra,

y comprende que es astro,

que es tierra y que es arena.

                                               Graciela Progano


La Emperatriz en el mazo del Tarot Thoth de Aleister Crowley



jueves, 13 de enero de 2022

El Rey de Espadas y un poema de Cavafis

Las espadas en tarot representan el elemento aire, vinculado con la mente, el pensamiento, la racionalidad, el discernimiento. Es por eso que el Rey de Espadas gobierna con inteligencia y, ante los desafíos, pone en juego su astucia y su gran capacidad para crear estrategias que lo lleven al triunfo. 

Si lo relacionamos con los mitos griegos, tomados por Liz Greene y Juliet Sharman-Burke para crear su tarot, este rey se corresponde con Ulises u Odiseo. Es el esposo de Penélope, de quien ya nos ocupamos con anterioridad al referirnos a la reina de bastos. Recordemos que, mientras ella esperaba y resistía en el palacio, Ulises regresaba a Ítaca después de la guerra de Troya, pero su viaje resultó ser largo y accidentado, atravesado por peligros y aventuras. Finalmente, él llegó a su reino.




Toda figura del mazo nos sugiere cierta actitud o modo de enfrentar las situaciones. En este caso, el Rey de Espadas/Ulises atraviesa todas las experiencias del viaje contemplándolas con racionalidad, comprendiéndolas con su aguda inteligencia y aventurándose en ellas con cierta distancia emocional, como un estratega que no pierde de vista su meta.

Por su potencia y valor alegórico, el mito del viaje de Ulises dio lugar a otros textos que se inspiraron en él; el más famoso es la novela Ulyses de James Joyce, pero no es el único. Aquí les presento un poema del escritor griego Constantino Cavafis (1863-1933), quien nos propone su perspectiva de cómo debería ser nuestro viaje:

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón;
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

 

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

 

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.

 

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

 

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.


[En: C.P.Cavafis. Antología poética. Edición y traducción de Pedro Bádenas de la Peña. Alianza Editorial, Madrid, 1999.]

 

El poeta nos habla a cada uno de nosotros, nos convoca a disfrutar de nuestro camino de búsqueda, cualquiera que sea, sin perder de vista que el viaje en sí mismo es lo que nos enriquece. Desde esta mirada, toda experiencia tiene su valor; ninguna de ellas será terrible ni monstruosa si hay una comprensión profunda de su sentido. ¿Y la meta que nos habíamos propuesto? Su importancia fue simplemente haber sido nuestra inspiración. Esta es la visión del poeta. ¿Cuál es la nuestra?