miércoles, 20 de noviembre de 2024

Tarot: lenguaje poético para un viaje de aventuras

Esta especie de ensayo surgió para ser presentado como ponencia en el Primer Encuentro online de Tarot organizado por Carolina de Pedro de @esoterica.tarot.astrologia, y que se llevó a cabo desde Barcelona el 16 y el 17 de noviembre de 2024. 

Ante todo, me gustaría aclarar que esta presentación no es fruto de una investigación, sino más bien de una reflexión. Mi intención entonces es transmitir algunas ideas propias sobre las conexiones entre tarot y poesía, simplemente para que sean consideradas, repensadas, tomadas como una suerte de apertura hacia otras reflexiones sobre el tema.

Todos nosotros percibimos intuitivamente que el tarot y la poesía se parecen en algo.  Preguntémonos entonces: ¿cuáles son esos puntos de contacto? 

El primer punto de contacto que encuentro entre poesía y Tarot es quizás el más obvio: su lenguaje. En ambos casos se trata de lenguajes que proponen al lector que intente desentrañarlos, descubrir ciertos sentidos velados, ocultos.




En el caso del poema, las palabras no resultan tan transparentes como en otros géneros. Si bien en todo texto los lectores hacemos una tarea de interpretación y de comprensión, cuando se trata de un poema se agrega la dificultad de llegar a la construcción de sentido a partir de una cadencia particular y de un lenguaje rico en figuras (tales como metáforas, analogías, imágenes, personificaciones, etc.), cuyo uso en general está más condensado o concentrado que en otros géneros literarios. La falta de transparencia de las palabras fuerza nuestra creatividad. Esos sentidos velados además se iluminan al leer el poema completo.

Salvando las distancias, algo semejante sucede con el lenguaje simbólico del Tarot. El símbolo no tiene un significado único, como sucede con signos que no hacen más que denotar aquello a lo que están vinculados, como el rojo del semáforo, que siempre es “PARE”, o el dibujo de unos niños cruzando una calle, puesto en un cartel en la esquina de una escuela, que siempre es “CRUCE ESCOLAR”. No es lo mismo interpretar esto que el color rojo en un arcano, o que el Loco caminando hacia el precipicio; no podemos hablar aquí de un solo significado.

Dice Jung: “Una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto inconsciente más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado”. Y agrega que: “los símbolos son el lenguaje del alma humana” que busca expresarse de distintos modos (en sueños, en mitos, en los arcanos)[1]. El desafío por develarlos nos obliga a emprender un proceso de autoconocimiento y evolución.

Además, al igual que en el poema, cada símbolo va haciendo comprensibles algunos de sus sentidos en el contexto de una lectura.

 

El segundo punto de contacto que yo observo entre poesía y tarot tiene que ver no ya con el tipo de lenguaje que manejan, sino con el modo de “crear” del poeta y del tarotista. El poeta crea su poema, el tarotista crea y da forma a un mensaje para transmitir al consultante.

Pero ¿cómo es esa dinámica creativa? Para tratar de explicarla, recurriré al escritor argentino Jorge Luis Borges.




En el prólogo de su libro La cifra[2], Borges nos dice que las palabras en sus poemas surgen como un oxímoron. Esta es una figura retórica que, a partir de expresiones antitéticas, opuestas, origina otra expresión que las integra y que logra un nuevo matiz de sentido. Por ejemplo: de “luz” y “oscuridad” puedo generar el oxímoron “luminosa oscuridad”; otros ejemplos: “instante eterno”, “silencio atronador”, etc.

Entonces, ¿qué quiere decir Borges con esto? Que su palabra poética nace de entretejer dos dimensiones opuestas: por un lado, todo lo que le llega en oleada desde el inconsciente, desde el sueño, desde el mito, desde el alma que se quiere expresar; y por otro, el estado de “vigilia”, que discrimina, ordena, conceptualiza. Es decir, el poeta no podría escribir en el poema todo lo que le llega como ola de imágenes y pluralidad de sentidos; se queda con algo de todo eso y lo expresa.

De la misma manera, el tarotista, como creador del mensaje que expresa, está haciendo una especie de oxímoron, o sea, integrando dos dimensiones, al iluminar conscientemente ciertos sentidos de entre todos esos sentidos que se abren en los símbolos y que también llegan como oleadas desde el inconsciente.

De un modo más general, esto mismo nos lo confirma Sallie Nichols en su libro Jung y el tarot, cuando habla de dos fases del trabajo creativo: la de la Emperatriz y la del Emperador.[3]




Son estas dos dimensiones las que se ponen en juego y se entretejen al escribir el poema y al expresar el mensaje del tarot al consultante. El oxímoron del que hablaba Borges es una manera literaria de expresar este encuentro armonioso al que se refiere Sallie Nichols.

De este modo, tanto los poetas como los lectores y lectoras de cartas somos creadores que estamos dedicados a la tarea de integrar lo aparentemente opuesto, tejiendo un mensaje consciente con contenidos que llegan desde el inconsciente. Ambos, poetas y tarotistas, están evocando, recreando algo que está en el fondo de cada hombre, para ponerlo en palabras.


En este punto surge la pregunta acerca del puente que permite que esas dos dimensiones se conecten, tanto en la creación de un poema como en una lectura de Tarot.




Al escribir un poema, nuestro conocimiento de la lengua, nuestra inspiración (especie de “revelación poética” a partir de una receptividad interior a la aparición de las imágenes) y nuestra emotividad se ponen en juego para componer el texto.

En el caso del Tarot, para arribar a esa especie de “claridad neptúnica” que ofrece el mensaje (ya que en nuestro mensaje muchas veces debemos utilizar lenguaje figurado), el puente entre inconsciente y conciencia, además de nuestra base de conocimientos sobre los símbolos de las cartas y los mazos que manejamos, serán la intuición y la conexión emotiva con las imágenes, de la que afloran ciertas asociaciones.

Dice Sallie Nichols en el libro que ya mencionamos:

“Encontrarles nombres correctos a las cosas es un acto creativo, un arte que incluye, no solo la facultad de pensar, sino también la de sentir, la intuición y una buena conexión con las experiencias sensoriales”.

No somos robots sino personas que estamos en viaje. Ese “viaje de aventuras” que menciona el título de este ensayo tiene que ver con nuestro viaje vital, con todo su cúmulo de experiencias, de las que surgirán reacciones y asociaciones muy personales.


Esto nos lleva a considerar un tercer punto de contacto entre poesía y tarot: ya que lectores de poesía y consultantes de tarot también están haciendo su propio viaje personal, sus propias conexiones emotivas y asociaciones colaborarán en la construcción de sentido del poema y del mensaje del tarot. En el caso del poema, la colaboración será diferida; en cuanto al tarot, el diálogo entre tarotista y consultante se da en presencia.



Pongamos como ejemplo la escritura de un poema donde se quiera hacer referencia a la luna. Cada poeta tendrá su propia mirada y dejará su huella de artesano a través de sus palabras. Entre todo lo que llega desde el inconsciente, desde el mito, desde el sueño o desde la fantasía al mirar la luna, por ejemplo, dos poetas generarán dos poemas distintos: los dos hablarán de la luna, pero quizá en uno se la identifique con la muerte y en el otro, con un espejo que refleja la propia soledad. Dependerá del momento en que se escribe el poema, de unos miedos o unas nostalgias que aparecen, de la historia personal. Por otra parte, cada lector de un poema completará el sentido del texto con su interpretación; ese tejido que se logra en el poema será reforzado, intervenido, enriquecido por el lector. . El poema se realiza en diálogo entre poeta y lector.

Esas asociaciones y reacciones emocionales, ligadas al viaje personal, también se hacen patentes en una lectura de tarot.

Dice Sallie Nichols que, como nuestros sueños, las imágenes del tarot llegan desde el inconsciente y podemos acercarnos a ellas con asociaciones personales, a través de la analogía con mitos, cuentos de hadas, pinturas, hechos que evoquen intuiciones, sentimientos, pensamientos, sensaciones. 

De este modo, como en la interpretación de un sueño, la imagen arquetípica en las cartas del tarot se amplía a partir de las reacciones afectivas y las asociaciones del consultante y del  tarotista, los dos protagonistas del hecho sincronístico de la lectura de cartas. No se trata de ponerse a asociar intelectualmente todo lo que a uno se le ocurra, sino dar paso a aquellas asociaciones que surjan con intensidad emocional ante la conexión con las imágenes.

Para ejemplificar el tema de la conexión emotiva, voy a tomar una lectura de tarot incluida en un libro de Julio Cortázar y su esposa Carol Dunlop. Se trata de una crónica de viaje: Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella[4] , escrita en 1982 y publicada en 1983. El libro se trata, sucintamente, de un viaje planeado por Cortázar y su mujer en el que recorrerían la autopista que une París y Marsella. Su propuesta era anotar absolutamente todo lo que fueran haciendo en la ruta, detallando los paradores, las comidas, etc., para más tarde elaborar un libro con ese material. Además, se impusieron ciertas reglas, por ejemplo, nunca desviarse de la autopista para tomar otro camino, y detenerse en dos paradores por día, pernoctando en el segundo. De ese modo el viaje por la autopista les llevaría un poco más de un mes.

Ahora bien, cuando empiezan su viaje, ya el primer día se dan cuenta de que no todo dependerá de su planificación; en principio, se sienten un poco desorientados. Dice el texto:

“(…) ¿Cómo vamos a proceder? (…) Antes de abrir con alguna nerviosidad nuestras máquinas de escribir, hemos echado el tarot, pensando descubrir gracias a él algunas líneas del juego y pensando asimismo que en cierto sentido veríamos las grandes líneas del viaje”.

Cortázar y Carol Dunlop saben que no todo está en sus manos, que hay fuerzas que aún no tienen conscientes y que el Tarot puede clarificar. Por eso tiran las cartas para ver cómo va a venir el viaje y salen: el Carro de Hermes, el Bufón (el Loco) y el Emperador.  Entonces anotan los significados de esas cartas, obviamente extraídos del libro que seguramente acompañaba el mazo. Pero lo interesante es lo que agrega Cortázar sobre la carta del Carro. En el Tarot que él maneja, el arcano VII es El Carro de Hermes y justamente él siempre había sentido una conexión especial con este dios, como podemos ver en la siguiente cita :



Aquí vemos claro cómo la sola aparición de Hermes en la carta de El Carro, por una cuestión personal de Cortázar -quien lo consideraba como un dios que lo había "guiado siempre en la vida"- le resulta  inmediatamente auspiciosa.

¿Pero qué hubiera pasado si en lugar de ese mazo (que, creo, es el Gran Tarot Esotérico de ed. Fournier)[5], hubiera utilizado otro? ¿Cómo interviene el mazo utilizado en la interpretación?




Por ejemplo, en el Tarot Mítico de Juliet Sharman-Burke y Liz Greene, ilustrado por Patricia Newell[6] -mazo que vio la luz en 1986, algunos años después de la muerte de Cortázar y de su esposa- el Carro está identificado con Ares, no con Hermes. Quizás si Cortázar hubiera hecho su lectura con este mazo, no le hubiera sido tan evidente tanta protección para abrirse paso en el viaje; a lo mejor hubiera visto su viaje como un desafío de conquista, o se hubiera planteado cómo tomar las riendas para equilibrar sus impulsos. En su lectura se puso en juego su propia conexión emotiva con la imagen del dios y eso le dio tranquilidad. 

Podemos decir entonces que, así como un estilo poético -es decir, un conjunto de rasgos y elecciones lingüísticas, retóricas y de ritmo que caracterizan a un poeta- puede conmovernos de un modo diferente de lo que nos sucede frente a otro estilo poético, distintos estilos de mazos, su modo particular de representación de los arcanos, pueden generar también diferentes reacciones en quienes leemos y consultamos el tarot.


En síntesis, los tres puntos de contacto que encontré entre Tarot y poesía fueron: su lenguaje un tanto misterioso, que tenemos que desentrañar como lectores; la dinámica de oxímoron que tiene la creación, tanto en el poeta como en el tarotista que expresa el mensaje del tarot; y la construcción de sentido que se completa con la colaboración del lector del poema o del consultante del tarot, según las experiencias de su propio viaje personal.


Por último, me gustaría mencionar una frase que Cortázar escribe en el último capítulo de su libro, según la cual considera que "acaso habíamos cumplido ese viaje obedeciendo sin saberlo a una búsqueda interior". Quizá podamos pensarnos también nosotros como expedicionarios hacia nuestra interioridad cada vez que escribimos o leemos un poema y cada vez que entramos en contacto con los arcanos del Tarot.




Las imágenes de arcanos que aparecen en las diapositivas incluidas en esta publicación pertenecen a diferentes mazos: el Emperador y la Emperatriz (diapositiva 2) son del Tarot Marsellés - Claude Burdel, 1751 (Lo Scarabeo); la Luna (diapositiva 5) es la del mazo Tarot de Oro - La Baraja Visconti-Sforza (H.Blume); los arcanos de la lectura que realiza Cortázar en su crónica (diapositivas 6 y 7) son del Gran Tarot Esotérico de Maritxú Guler y Luis Peña Longa (Fournier); el segundo Carro (diapositiva 7) y el Loco (diapositiva 8) pertenecen al Tarot Mítico de Juliet Sharman-Burke y Liz Greene, ilustrado por Patricia Newell (ed. edaf). El último Loco es un collage mío.

[1] Jung, Carl Gustav y otros, El hombre y sus símbolos, Cap.1: “Acercamiento al inconsciente”, Luis de Caralt editor, Barcelona, 1977.

[2] Borges, Jorge Luis, La cifra, Emecé, Buenos Aires, 1981.

[3] Nichols, Sallie, Jung y el Tarot. Un viaje arquetípico, ed. Kairós, Buenos Aires, 1991. La cita se encuentra en el cap. 7, dedicado al Emperador (p.168).

[4] Dunlop, C. y Cortázar, J., Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París-Marsella, Muchnik editores, Barcelona, 1984.

[5] El Gran Tarot Esotérico (1978) de Maritxú Guler y Luis Peña Longa, editado por ed. Heraclio Fournier es un tarot que agrega simbología planetaria, astrológica y hebrea. Presenta algunas diferencias con los mazos de Marsella; por ejemplo: el Mago es el Consultante, la Suma Sacerdotisa es la Consultante, el Sumo Sacerdote es el Profesor, los Enamorados son los Dos Caminos, el Ermitaño es el Anciano, el Colgado es la Picota. 

[6] Sharman-Burke, J., Greene, Liz y Newell, P., El tarot mítico. Una nueva vía a las cartas del Tarot, ed. edaf, Madrid, 2020.